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Nos toca hablar del apego

Nos toca hablar del apego


Autor del Post:

Itziar Fernández Cortés

Blog


A lo largo de todos estos años como terapeuta y, sobre todo, a partir de mi proceso terapéutico personal, he podido comprobar lo importante que es detenerse a mirar más allá del malestar que trae a las personas a consulta, puesto que lo que duele ahora es tan solo el síntoma, la punta del iceberg que se sostiene en una masa de hielo interiorizado. Esta masa de hielo es nuestra historia de vida: nuestras propias creencias, valores, mandatos culturales y experiencias vitales que generan emociones y patrones de comportamiento aprendidos y en ocasiones automatizados.

Nuestra tarea consiste en atender lo inmediato, reducir el malestar, pero no podemos dejar pasar la oportunidad que nos brinda la relación de intimidad y confianza que se establece en terapia para ir un poco más allá. Debemos aprovechar el momento de autocuidado que la persona se está regalando a sí misma cuando decide venir a vernos para acompañarla en su proceso reflexivo.

Rememorar su historia, traerla al presente, evocar recuerdos y personas significativas, sentir y comprender el impacto o la huella que todavía persiste al acercarnos a su niño o niña interior. Analizar con ella como todo esto ha influido en el desarrollo de su personalidad y ayudarla a entender que lo que fue adaptativo ayer, puede generar sufrimiento ahora.

Todo ello nos permitirá comprender como hemos ido ajustando “la brújula que nos guía en el mundo de las relaciones interpersonales”. Sobre todo cuando esa brújula nos trae a terapia porque a veces nos confunde y otras, directamente, nos hace daño.

Si llegamos hasta aquí, nos toca hablar del apego.

Nos toca hablar de Caminares.

En ocasiones, intentamos transmitir teorías explicativas para ayudar a las personas a comprender lo que les pasa. Para ello recurrimos a multitud de técnicas e instrumentos, en función de la formación y especialización de cada terapeuta. Una de estas técnicas son los cuentos, los relatos y las metáforas, que a través de un lenguaje simbólico permiten a la persona identificarse con las vivencias de sus protagonistas y externalizar el discurso, reduciendo las defensas y la tensión emocional.

Nuestra intención es aproximar la teoría del apego a adolescentes y personas adultas de una forma amable, tierna y cercana. Invitando a la reflexión sobre qué aspectos del adulto o adulta que somos hoy están relacionados con las experiencias vividas con nuestras figuras de apego durante la infancia. Para ello, hemos tejido un puente entre la imagen y la palabra, entre la emoción y la cognición, poniendo a trabajar en equipo a ambos hemisferios cerebrales para integrar su mensaje.

Caminares pretende ser una mirada que legitime, una narrativa que explique y nos ayude a comprender que todos y todas aprendimos a querer a partir de cómo nos sentimos queridos.
Los vínculos afectivos van dejando huella y son la base sobre la que construimos nuestra historia de vida. Dependiendo del relato que podamos contarnos a nosotros y nosotras mismas, afrontaremos nuevas experiencias y relaciones, construiremos nuestra forma de ser y nuestra confianza en el mundo. Sin embargo, la visión idealizada de los vínculos afectivos hace que pensemos que las personas que nos quieren nunca nos dañan, y nada más lejos de la realidad. Solo tenemos que acercarnos a las cifras de maltrato infantil, abuso sexual o violencia de género. En estos casos, el entorno que debía ser protector se convierte en caos y confusión.

Pero este daño también puede darse desde el mayor de los afectos, cuando padres y madres tienen integradas una serie de creencias acerca de cómo fueron educados en su niñez. Hablamos de los apegos inseguros que están tan integrados entre nuestros patrones de crianza y que han ido evolucionando culturalmente, llevándonos a los dos extremos del continuo “autonomía versus protección”.

Los estilos de apego que aquí detallamos no son compartimentos estancos, de hecho, ni tan siquiera mencionamos sus nombres. Tampoco son estables y permanentes, aunque tengamos nuestra tendencia hacia alguno de ellos. Esto se debe a que, normalmente, no tenemos una persona única como referente afectivo en nuestra infancia, y a lo largo de nuestra vida nos vamos vinculando con personas distintas, en diferente grado de intimidad, que pueden ir moldeando nuestra experiencia afectiva y nuestra manera de relacionarnos en el futuro.

Por ello, Caminares te invita a reflexionar sobre las huellas del apego para terminar proponiendo “un viaje de ida y vuelta a la niñez”. Tanto si quieres reflexionar sobre tu estilo a la hora de establecer relaciones afectivas como si quieres plantearte tu forma de ejercer la parentalidad, repensando tu propia crianza, puesto que una vez que le pones consciencia tienes la capacidad de modificar reacciones y actitudes interiorizadas.

Todo esto y mucho más es lo que puedes encontrar en Caminares. Un libro ilustrado escrito por mí e ilustrado por Zaida Escobar (www.zaidaescobar.com) que pretende ser una herramienta terapéutica, una aproximación a la teoría del apego y una excusa que te lleve al recuerdo de tu primera infancia desde el respeto, porque siempre lo hicieron lo mejor que pudieron.

En esta aventura han creído José Luis y Maryorie, que nos ponen su sello de calidad y calidez regalándonos un prólogo a modo de introducción teórica. Como ellos mismos dicen “existen numerosos libros y revistas científicas que exponen la teoría del apego y su trascendencia para el ser humano. Sin embargo, existen pocos que la acerquen al gran público, que divulguen la misma y la hagan formar parte del acervo común”.

Enlace: VER LIBRO

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